Leyendo a Lucas
Dios perdonará incluso al que diga algo en contra del Hijo del hombre;
pero no perdonará a aquel que con sus palabras ofenda al Espíritu Santo.
¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que está vivo?
Al cabo de tres días lo encontraron en el templo,
sentado entre los maestros de la ley,
escuchándolos y haciéndoles preguntas
y todos los que le oían se admiraban
de su inteligencia y de sus respuestas.
¿Por qué me buscaban? ¿No saben
que tengo que estar en la casa de mi padre?
Ah, Lucas, ahora lo entiendo, el juicio fue simulado;
Jairo y los seguidores de Juan tenían todo bien urdido;
el capitán de los Romanos también estaba en el conjuro,
lo mismo que Lázaro, Magdalena y Salomé;
incluso Simón el que cargó la cruz
y el noble José de Arimatea.
Eclipse de Pascua y
caliz amargo,
llamaron al rescate
Durante los últimos meses,
Jesús buscó seguidores entre pescadores y celotes,
les enseñó a rezar y a sanar,
compartió con ellos el pan y la sangre;
sus hermanos ayudaron con los milagros,
llevaron el vino a las bodas;
fingieron estar enfermos y endemoniados;
dejaron quietos a sus hijos para que Cristo
los despertara.
Todas las profecías fueron
cumplidas; llenando de fama al Maestro;
elevándolo al cielo tras su simbólica muerte.
La guerra estaba por desatarse,
ya no había más tiempo,
no habrían más reuniones en las cámaras
discretas del templo,
más atardeceres gentiles en Jerusalem.
Era hora de saltar hacia adelante.
En 40 días, Jesús debía salir hacia la India.
Los seguidores de Juan llevaban largo tiempo
apartados del monasterio en las montañas,
seguros de que la luz debía llegar
a cada alma del planeta y no sólo
a los insignes buscadores
que construyen en el desierto.
El hombre de la Tribu de Judá lo dijo:
Nadie enciende una lámpara
y la pone en un lugar escondido,
ni en un cajón, sino en lo alto,
para que los que entran tengan luz.
¡Ay de ustedes maestros de la ley!,
que se han apoderado de la llave
de la puerta del conocimiento;
pero ni ustedes mismos entran
ni dejan entrar a los que quieren hacerlo.
No hay ningún secreto que no llegue
a descubrirse ni nada escondido
que no llegue a saberse.
Todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad
se oirá en la luz del día;
y lo que han dicho en secreto
y a puerta cerrada,
será gritado
desde las azoteas de las casas.
Yo no he venido a llamar a los buenos
sino a los pecadores,
para que se vuelvan a Dios,
aunque sean Samaritanos,
griegos o cobradores de impuestos.
pero no perdonará a aquel que con sus palabras ofenda al Espíritu Santo.
¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que está vivo?
Al cabo de tres días lo encontraron en el templo,
sentado entre los maestros de la ley,
escuchándolos y haciéndoles preguntas
y todos los que le oían se admiraban
de su inteligencia y de sus respuestas.
¿Por qué me buscaban? ¿No saben
que tengo que estar en la casa de mi padre?
Ah, Lucas, ahora lo entiendo, el juicio fue simulado;
Jairo y los seguidores de Juan tenían todo bien urdido;
el capitán de los Romanos también estaba en el conjuro,
lo mismo que Lázaro, Magdalena y Salomé;
incluso Simón el que cargó la cruz
y el noble José de Arimatea.
Eclipse de Pascua y
caliz amargo,
llamaron al rescate
Durante los últimos meses,
Jesús buscó seguidores entre pescadores y celotes,
les enseñó a rezar y a sanar,
compartió con ellos el pan y la sangre;
sus hermanos ayudaron con los milagros,
llevaron el vino a las bodas;
fingieron estar enfermos y endemoniados;
dejaron quietos a sus hijos para que Cristo
los despertara.
Todas las profecías fueron
cumplidas; llenando de fama al Maestro;
elevándolo al cielo tras su simbólica muerte.
La guerra estaba por desatarse,
ya no había más tiempo,
no habrían más reuniones en las cámaras
discretas del templo,
más atardeceres gentiles en Jerusalem.
Era hora de saltar hacia adelante.
En 40 días, Jesús debía salir hacia la India.
Los seguidores de Juan llevaban largo tiempo
apartados del monasterio en las montañas,
seguros de que la luz debía llegar
a cada alma del planeta y no sólo
a los insignes buscadores
que construyen en el desierto.
El hombre de la Tribu de Judá lo dijo:
Nadie enciende una lámpara
y la pone en un lugar escondido,
ni en un cajón, sino en lo alto,
para que los que entran tengan luz.
¡Ay de ustedes maestros de la ley!,
que se han apoderado de la llave
de la puerta del conocimiento;
pero ni ustedes mismos entran
ni dejan entrar a los que quieren hacerlo.
No hay ningún secreto que no llegue
a descubrirse ni nada escondido
que no llegue a saberse.
Todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad
se oirá en la luz del día;
y lo que han dicho en secreto
y a puerta cerrada,
será gritado
desde las azoteas de las casas.
Yo no he venido a llamar a los buenos
sino a los pecadores,
para que se vuelvan a Dios,
aunque sean Samaritanos,
griegos o cobradores de impuestos.

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